Por: Hugo Viladegut Bush

La radio es ese artilugio que llega a nuestros oídos para acariciar nuestro corazón. Nos trae noticias, música, los gritos destemplados de los jóvenes de este siglo y ese ritmo frenético, monótono y salvaje hecho para despertar la sensualidad. Pero esa es la libertad y el disfrute de nuestra soledad.

Ha llegado al Perú hace un siglo la “Peruvian Broadcasting Company”, rimbombante nombre cuyo mayor aportante de capitales era la Marconi Telegraph. Impulsó un nuevo proyecto para ese entonces: fundar la OAX, la primera radioemisora del país.

La Marconi logró el exclusivo negocio de la venta de los radio-receptores y antenas para captar la señal de la emisora por el aire. El Perú ganó la instantaneidad y la masificación de los mensajes. El nuevo modelo de negocio era difícil de entender, pero era atractivo para las personas que querían música y novedades en la sala de su casa.

Probablemente la sociedad empresarial que se constituyó, proyectó una rápida recuperación del capital invertido, pero los limeños de entonces no podían desprenderse de los pregoneros que recorrían Lima y los músicos callejeros que alegraban las tardes y las noches en las esquinas a ritmo de guitarra, cajón y castañuelas. Era su forma de comunicación.

¿Cómo llegaban las noticias y la música?

Los pregoneros llamaban la atención con el redoble de una tarola, seguida de un cajón y la potente voz del llamador leía los bandos municipales y los avisos necrológicos. Anunciaba además los nacimientos, matrimonios, faenas vecinales y ceremonias religiosas. Era toda una empresa que a cambio de algunas monedas recorrían Lima Cercado, los Barrios Altos y los de Bajo el Puente anunciando las buenas y las malas nuevas.

Los faroleros que así se llamaban a los encendedores de las lámparas que iluminaban tenuemente las calles del Centro de Lima estaban casi siempre acompañados del cajón y los anuncios de los pregoneros. Otras veces las tamaleras y vendedores de dulces y champús se pegaban al grupo y aprovechaban el aglomeramiento para hacer negocio.

Esas costumbres tan enraizadas era el panorama de los sonidos vespertinos. La radio, reemplazaría a los pregoneros y la música llegaría por el éter para quedarse en los ambientes de cada hogar, de modo que quienes entendían cómo funcionaría la radio, tenían casi la certeza que la costumbre de escuchar música de percusión y cantos callejeros tenía los días contados.

La OAX llega para quedarse

La “OAX” llegó para instalarse en el Jr. Washington. “El Comercio” y “El Tiempo”, los diarios de Lima, anunciaban que la OAX terminaba sus transmisiones de prueba. Todo se alistaba para el 20 de junio de 1925, fecha de la inauguración. En las transmisiones de prueba Juan Fernandez Stoll un jovencito que no llegaba a los 18 años se improvisó como la voz masculina de las transmisiones “cero”, la historia lo registra como el primer locutor del país y la primera locutora a Rosa Hernando, una actriz que luego oficiaría de directora de la emisora.

El presidente Augusto B. Leguía inauguró la OAX, la primera radio del Perú el sábado 20 de junio a la 1 de la tarde. Ese día el Presidente de la Republica acuñó una frase para la posteridad: “Acortar las distancias es prolongar la existencia”. En otro momento dijo: “El perfeccionamiento científico ha vencido la distancia”.

No había discos, eran muy escasos. Toda la programación era en vivo y en directo. Oficialmente lo primero que se escuchó ese histórico primer día fue “Claro de luna” en recuerdo de Ricardo Palma. En la noche inaugural el poeta José Gálvez, declamó tres de sus poemas y Leonidas Yerovi leyó una oda a la muerte muy sentida por cierto.

¿De qué viviría la radio?

La publicidad estaba muy lejos de ser el sostén de la radio. El negocio de la OAX era la venta de radio-receptores y antenas y detrás de ese negocio estaba la Marconi como fabricante.

El problema eran los costos. Una comparación de la época: un bisteck costaba 10 Ctvs de sol. El costo de un radioreceptor 30 soles. La antena 10 soles y la licencia municipal para instalar la antena otros 10 soles.

Con esos costos, muy pocas personas estaban dispuestas a comprar el equipo para tener 3 horas de radio. En realidad era un lujo. En el tiempo, el costo de producción de la OAX era muy alto. En esas condiciones, el modelo de negocio estaba destinado al fracaso, irremediablemente.

El estado se hace cargo del servicio de radio

La Peruvian se declara en quiebra en 2026. La administración de la OAX finalmente es absorbida por el estado. Joaquín Azambuja es el administrador designado por la Dirección de Correos, dependencia del Ministerio del Interior y Policía que toma a su cargo el control de la emisora.

El gobierno le había tomado peso a la importancia de la radio, sobre todo para dar a conocer: la agenda del gobierno, las disposiciones gubernamentales, los mensajes presidenciales.

Radio en el cine

En los siguientes años la combinación cine – radio, atraería público a las salas de cine. Los cines retrasmitían 30 minutos de radio en el intermedio y la gente iba feliz a escuchar radio en las salas de cine con un sonido espectacular.

Esta combinación, que en el tiempo actual sería un binomio muy raro, en ese tiempo fue el gran atractivo de los cine. Así empezó el posicionamiento de la radio aunque muy débilmente a falta de receptores.

La introducción de los discos

La RCA Víctor, Odeón y Columbia empezaron a enviar sus producciones al Perú con el objeto de promocionarlas. Así es como paulatinamente la música en vivo sería reemplazada por la música grabada íntegramente en EE.UU.

Tardaría un buen tiempo en que la Sono Radio instalase sus estudios en Lima para producir música peruana y reproducir los grandes éxitos del Hit Parade norteamericano.

Una nueva crisis amenaza a la radio

En 1931, ya en el gobierno de Luis Sánchez Cerro una nueva amenaza con el cierre de la emisora. El nuevo gobierno advierte un gran forado económico por lo que solo había dos caminos: cerrarla por completo o concesionarla.

El gobierno había contratado a un gerente para arreglar el desastre económico en que había incurrido la Peruvian. Efectivamente Guillermo Lazarte Echegaray impone un trabajo de racionalización de personal y de reducción de gastos y consigue poner a flote la emisora. Sin embargo, la racionalización afectó seriamente la producción artística. Rosa Hernando que se había mantenido como locutora asume la dirección de la emisora.

Radio Nacional, en escena

En 1933 se relanza la emisora. Desaparecen las siglas OAX, para rebautizarse como “Radio Nacional”. La nueva era llega con transmisiones desde Palacio de Gobierno, el Congreso de la República, las universidades, la Academia de Música y desde el hipódromo de Santa Beatriz.

Terminado el monopolio de la venta de receptores a cargo de la Marconi, se importan otras marcas. Los precios bajan notoriamente y las ventas suben como espuma, la radio a 8 años de su aparición empieza a despegar y a adecuarse a la tecnología de entonces.

Aparecen nuevas radios e ingresa la televisión

En la década del 50 la onda media estaba repleta de emisoras de radio y en esa década aparecen las televisoras IRTP canal del estado, América Tv y Panamericana Tv. La competencia con las radios establecidas era muy intensa. La rivalidad era por receptores encendidos y la radio tenía las de ganar.

Las televisoras empiezan imitando formatos de la radio. Las presentaciones de las peñas criollas, las telenovelas. Luego vendría los programas de música moderna y los concursos. La radio se ve obligada a reinventarse para mantenerse vigente. La competencia duraría varios años.

Hoy las radios tienen cada vez más imágenes trasladando a los receptores los estudios de audio y las televisoras son cada vez más instantáneas transmitiendo desde la calle.

La transmisión simultánea de RPP

Las ondas cortas abarcaban grandes distancias: la banda comercial de 49 metros, la banda internacional de 60 metros y la banda tropical de 66 metros producían ruidos y sólo podían escucharse en horas de la noche hasta la madrugada. Durante el día imposible, por la estática que producían las emisiones.

Radioprogramas del Perú aparece en ese escenario transmitiendo su variada programación en cintas magnetofónicas una programación simultánea en 12 emisoras para diferentes ciudades del país. Una proeza de la tecnología de la época.

Luego vendría la vía microondas y tras diez años la vía satélite. La simultaneidad haciendo que los mensajes lleguen con claridad y las noticias en el momento que ocurrían.

Hoy la instantaneidad se ha ralentizado

El Presidente Leguía había dicho que al llegar la instantaneidad la vida se prolonga. Al llegar el WhatsApp, con imágenes, audiogramas y mensajes escritos, el hombre ya no quiere ir tan rápido, quiere ver, oír o leer sus mensajes cuando quiera y donde pueda. El WhatsApp, que ha desplazado a la telefonía, es el reflejo de la radio de hoy.

La radio digital llega con las tecnologías periféricas del internet y le permite al oyente ver y escuchar sus programas favoritos “a la carta” donde esté a la hora que esté disponible.

La OAX establecida el 20 de junio de 1925 en Lima con dos receptores remotos y bocinas amplificadoras, ha evolucionado al punto que llega por todas las plataformas de las redes sociales y los mensajes que transmite tienen su retorno en la interactuación con el público.

Hace un siglo y un siglo después, la radio sigue siendo la esperanza. La luz al final del túnel. La orientación de los extraviados y la voz de aliento de los desesperanzados. En las situaciones más críticas, la radio es el faro que alumbra y cuyos mensajes lleva ciencia y fe. Hoy la radio apuesta con los otros medios con credibilidad y análisis del devenir.

La radio nunca dejará de existir, sus agentes, los radioapasionados, pasarán, pero ella seguirá creciendo como la grama. Extendiéndose por el éter y por las carreteras de la información.

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