Por: Hugo Viladegut Bush

La palabra “Libertad” yace en nuestro subconsciente, es la herencia de un sueño de los peruanos de hace 2 siglos. No se trata solo de una palabra, sino de construirla con nuestros actos.

Por casi un siglo los peruanos hemos cantado la primera estrofa del Himno Nacional unida al coro. El comienzo de ese párrafo habla de “libertad”, la primera estrofa del “peruano oprimido”.

Ninguna canción ha sufrido tantas modificaciones como el himno que lleva nuestra identidad. En setiembre del 2009, el gobierno de Alan García dispuso el reemplazo de la primera estrofa (Largo tiempo el peruano oprimido). Aparece así la sexta estrofa (En su cima los andes sostengan) que fue aceptándose hasta estos días.

En agosto de 1821 el Libertador San Martín convocó a concurso para tener una canción representativa. El 18 de setiembre el jurado calificador tomó la decisión de adoptar provisionalmente la “Marcha” presentada por José Bernardo Alzedo. Ninguna de las 7 composiciones finalistas satisfizo al exigente jurado. 

La anuencia de San Martín dio pase a nuestro actual himno nacional. El asunto era ahora ensamblar las letras de José de la Torre Ugarte en la melodía de la marcha en un plazo de 5 días.

El Teatro Segura con José de San Martín a la cabeza y los próceres de la independencia acompañados de una nutrida concurrencia asistieron al estreno.

El Tribunal Constitucional en el 2005 determinó que la primera estrofa era apócrifa pero que se aceptaba por dominio popular. Sin embargo, los fundamentos epistemológicos del constructivismo que asignan un papel pasivo de humillación pudieron más.

Finalmente después de 4 años se decreta la proscripción del “largo tiempo” y se determina cantar “en su cima los andes” a partir del 2009. Los peruanos de este siglo aceptan este decasílabo en octava real de rima asonante y el proceso de posicionamiento está en marcha. José de la Torre Ugarte vuelve a imponerse a dos siglos de haber presentado su proposición.

El proceso de entronización de la música de José Bernardo Alzedo, tampoco ha sido fácil. Ha sufrido una serie de modificaciones, porque fue escrita para banda y había que adaptarla a orquesta de cámara. Había una sola partitura y los directores de orquesta hacían modificaciones a su gusto a partir de ese libreto.

En 1864 el propio Alzedo hace una publicación definitiva del libreto, pero fue arreglada por Claudio Rebagliatti años después. Sin embargo, la Banda del Primer Regimiento de Infantería de Montaña, vuelve a la partitura original y hace la grabación para el Sello Columbia de New York en 1911.

A dos siglos del estreno en el Teatro Segura con Orquesta de Cámara y cantada a todo pulmón por la Soprano Rosa Merino, nuestro tenor Juan Diego Florez es el que eleva a la gloria el más grande símbolo de nuestra identidad.

Los niñitos de los jardines de infancia aseguran la supervivencia de nuestro himno tal y como arregló Rebagliati. Las letras nos hablan de la libertad y del pendón bicolor en la cima de los andes ante los ojos de los hijos del Dios de Jacob.

Esperamos no tener más modificaciones y desde el Callao hasta Leticia y desde Tumbes hasta Tacna el himno nacional del Perú siga siendo universal.

Honor y gloria para nuestro Himno Nacional.

¡Viva el Perú!

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