Por: Jhonny Velarde

Imaginemos una idea brillante de emprendimiento en alguna parte del Perú. Detrás de esta se encuentra un gestor de incubadora, figura clave que debe impulsar la transformación de esa idea en un negocio escalable. Esta persona, que opera desde una universidad pública o privada, o una institución privada, es el arquitecto silencioso del ecosistema de emprendimiento. Su misión es articular el talento local, la academia, la industria y las fuentes de capital. Si su engranaje falla, el desarrollo se detiene.

Con frecuencia se ignora la calidad de este motor humano. Existen gestores de gran nivel en todo el país, y la brecha existente se encuentra en la desigualdad de capacitación y acceso a metodologías de vanguardia. No es solo una cuestión geográfica, sino también la equidad de acceso al conocimiento. La innovación a nivel nacional despegará si garantizamos que el fortalecimiento de capacidades deje de ser un lujo.

El gestor de una incubadora cumple un rol complejo, es quien diseña y ejecuta servicios de incubación pertinentes para su contexto. Muchos de estos gestores pertenecen a incubadoras que se encuentra bajo una categoría de «no fortalecidas». Esta denominación aplica a instituciones que, si bien tienen la voluntad de incubar, no cumplen con requisitos mínimos de gestión y capacidad técnica exigidos por los estándares nacionales. Esta es la razón principal por la que estos actores no logran acceder a fondos concursables de gran impacto, como los que ofrece el Estado a través del Programa Nacional de Desarrollo Tecnológico e Innovación (PROINNÓVATE) u otros programas similares. En una incubadora, la falta de capacidad impide el acceso a recursos que limitan su desarrollo y la calidad de los servicios que ofrecen.

La falta de fortalecimiento técnico tiene un impacto sistémico. Estamos privando a los emprendedores, sin importar su ubicación geográfica, de un servicio de nivel que les permita desarrollarse. La única manera de romper este esquema, es a través de programas de fortalecimiento de capacidades focalizados en las necesidades reales del sector. Los objetivos de estas iniciativas deben ser la de dotar a los gestores de conocimientos de vanguardia para que puedan potenciar sus servicios de incubación bajo la realidad de sus ecosistemas, y proveer las herramientas necesarias para que las incubadoras alcancen el nivel de madurez técnica que les permita postular, competir y asegurar financiamiento de programas nacionales.

Por lo pronto, una propuesta que apuesta por lo expresado, es el Programa de Fortalecimiento de Capacidades para Gestores de Incubadoras a cargo de la Dirección General de Innovación, Tecnología, Digitalización y Formalización del Ministerio de la Producción. Un programa que se viene implementando en beneficio de 99 gestores pertenecientes a 27 incubadoras no fortalecidas de 18 regiones a nivel nacional. El talento está distribuido, es una obligación del ecosistema reconocer a estos gestores como arquitectos del presente económico y piezas clave de una ola de innovación que crece fuerte, sin importar su origen.

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