La Vía Expresa Sur, presentada por la Municipalidad de Lima como una de las obras emblemáticas de la gestión de Rafael López Aliaga, se ha convertido en un dolor de cabeza para conductores y peatones. Lo que debía ser un eje de integración rápida hacia Lima Sur hoy enfrenta serias deficiencias de infraestructura y seguridad, en medio de cuestionamientos por su improvisada ejecución.

Uno de los problemas más visibles es la falta de señalización. En diversos tramos no hay letreros de tránsito básicos como límites de velocidad, “pare” o “ceda el paso”. Esta carencia se repite incluso cerca de colegios, lo que expone directamente a escolares a situaciones de riesgo. La ausencia de semáforos o su mala sincronización agrava aún más la congestión y los accidentes.

La iluminación deficiente es otro punto crítico. De noche, extensos tramos permanecen en penumbras debido a la falta de alumbrado público o al retiro de postes sin aviso. Ello aumenta la vulnerabilidad de peatones y conductores, sobre todo en cruces con vías auxiliares mal asfaltadas o incompletas que hoy lucen más como trochas que como intersecciones urbanas.

A esto se suma la inexistencia de accesos peatonales seguros. Son escasos los cruces protegidos o pasos adecuados para personas con movilidad reducida. Vecinos denuncian que deben arriesgarse entre los vehículos para atravesar la vía.

La congestión vehicular, lejos de disminuir, se ha intensificado. En horas punta, la Vía Expresa Sur colapsa por el desorden en el tránsito y la falta de semáforos funcionales. Paradójicamente, la vía que prometía ser un alivio para el tráfico se ha vuelto un nuevo cuello de botella.

El trasfondo de estos problemas es aún más polémico: la obra se inauguró sin contar con un expediente técnico integral y con una certificación ambiental vencida, en abierta vulneración a las normas vigentes. A ello se suman denuncias de sobrecostos, despidos de trabajadores que alertaron irregularidades y conflictos sociales por desalojos de familias con títulos de propiedad en Surco.

Las críticas también apuntan al componente político. Diversos analistas señalan que la premura por inaugurar la vía respondió más a los apetitos electorales del alcalde Rafael López Aliaga, quien aspira a candidatear a la presidencia en abril de 2026, que a una planificación responsable de la infraestructura.

En lugar de convertirse en símbolo de modernidad, la Vía Expresa Sur se ha transformado en un caso emblemático de improvisación y de cómo las decisiones apresuradas en obras públicas terminan generando más problemas que soluciones.

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